Como se viajaba a Extremadura antes de mediados del siglo IX hasta que reinando en España Isabel II, se hicieron los ferrocarriles.
Escrito por Arranz Castell, Félix
El puente de Almaraz se hizo en 1537, reinando Carlos 1 el Emperador, siendo maestro Pedro de Uría. Lo financió el Cabildo de Plasencia.
Este puente, todo de piedra de cantería, con una pendiente por la parte de Almaraz del 9%. Aunque es bastante ancho, es de los más anchos de su época, con unos descansillos en su centro por si se cruzaban dos vehículos a la vez.
Este puente tiene solamente dos ojos, uno más grande por donde pasa todo el agua del Tajo y otro más estrecho por donde nunca pasa agua o sólo en las avenidas, pero que sirve para hacer la rasante.
Durante tres siglos, dice Madoz en su diccionario, respetaron esta obra admirable sin que nadie se atreviera a tocarla, a pesar de haber sido ocupada en el año 1710 por Felipe V. Sentando su campo en sus inmediaciones, y cortando todas las comunicaciones a los portugueses.
Pero vino la destructora Guerra de la Independencia.
La Guerra de la Independencia, cambiando la dirección de los correos, en vez de Almaraz la enviaban por Béjar a la Junta de Gobierno de Salamanca, por la Ruta de la Plata.
A finales de 1808, el único acontecimiento bélico que hay que registrar en Extremadura son los sucesos del Puente de Almaraz y la batalla de Medellín (12.000 muertos).
El 10 de diciembre decide pasar la Junta a Andalucía, residiendo en Miajadas y Mérida el Conde de Florida Blanca (masón). La Junta nombra a D. Gregorio García de la Cuesta Jefe del Ejército de Extremadura.
Viniendo de Madrid, se encontraban después del puente de Talavera, que se le había llevado varias veces el río, el Puente del Arzobispo, el del Conde, y después el de Almaraz.
Cuando Francisco Trías llega al Puente del Arzobispo, al mando de su escaso ejército, muy inferior en número y calidad al de su adversario, teniendo que retroceder porque ya Sebastiani le ocupaba, obligándole a replegarse a Castañar de Ibor. Los franceses siguen su avance, llegando hasta Navalmoral. Entonces Galluzo piensa volar el Puente de Almaraz. Pero esto no se lleva a efecto, no porque no pusiera los medios para ello sino por la solidez del mismo. Ante el peligro que existía y la escasez de hombres, redacta la siguiente orden que manda a la Junta de la Provincia:
“No habiendo correspondido la explosión del Puente de Almaraz a mis esperanzas como podía prometerme tener seguridad de los 17 barrenos u hornillos que tenía puestos en él, y no teniendo noticias de que los franceses, con objeto de sorprender como acostumbraban, se acercan con sus caballerías en término de nuestras avanzadas, hayan llegado a percibir el ruido que traen y puesto que el general Galluzo ha tomado el partido precipitado de volar el Puente de Almaraz, y antes de saber con certeza si intentaba atacarlo”.
Los puentes no se deben volar sino cuando ya no se puede resistir el ímpetu del enemigo.
El General Cuesta recupera el Puente de Almaraz y lo destruye al retirarse. Para ello, como no existía dinamita, ponen unos andamios para colocar unos hornillos de pólvora incrustados en la piedra, con lo que al explotar, no solamente se destruyó el puente sino que cayeron al río los soldados que lo colocaron, ahogándose.
Dice Madoz que pasaron más de treinta años sin que se pudiera reconstruir. Lo hizo un jesuita enclaustrado, que se prestó a ello.
Sabemos por la historia que la Escuela de Ingenieros de Caminos la hizo Godoy, Príncipe de la Paz, Duque de Alcudia y Generalísimo de los Ejércitos españoles y los tuvo que hacer con matemáticos, que eran entonces los arquitectos.
Supliendo el puente una barca de maroma, con todos los inconvenientes que esto trae consigo, con lo que quedó interrumpida la Nacional V.
Entonces, ¿por dónde se venía a Extremadura?
De la cuenca del Tajo a la del Guadiana se pasaba por Puente del Arzobispo, y luego por trochas, veredas, caminos reales y cañadas, se llegaba hacia la calzada romana que venía por Córdoba, Zalamea, sur de Don Benito y Medellín hasta llegar a la calzada romana que unía este último pueblo a Mérida y de allí a Badajoz. (Esta calzada la he pasado yo en coche).
Esto explica por qué murió Fernando el Católico en Madrigalejo, que era paso obligado porque había que venir por Guadalupe, donde había hospedería, hospital de hombres y mujeres y donde se podía hacer un buen descanso.
A la muerte de Isabel la Católica, en 1504, inmediatamente Fernando pensó en contraer segundas nupcias, para obstaculizar los planes de su yerno Felipe el Hermoso.
Primero pensó casarse con Juana la Beltraneja, quien le mandó a paseo, y por fin contrajo nuevas nupcias con su sobrina de 19 años, hermana del Rey Luis XII de Francia, Doña Germana de Foix. Esta señora era extremadamente gorda, pero vivió hasta la vejez, gracias a la pensión que le daba Carlos 1 y luego Felipe II. Se casó cuatro o cinco veces, pero no tuvo descendencia. Sin embargo, con Don Fernando el Católico tuvo un hijo, Don Juan de Aragón quien apenas vivió unas horas.
Para ello Don Fernando utilizó todos los procedimientos en boga para tratarse su impotencia y esterilidad.
Zurita dice que enfermó en 1513, en Medina del Campo, “viniendo de Carioncillo, de holgar con la reina”, y que adoleció de una grave enfermedad, que según Pedro Martín y el doctor Carvajal “tuvo ocasión en un feo potaje que la reina le hizo administrar por mediación de Doña María de Velasco para habilitarse que pudiera tener hijos”.
Dice Gómez que dieron al rey “turmas de toro y cosas de medicina que ayudaron a la generación”.
Las turmas de toro es un anticipo de lo que hoy se conoce con el nombre del tratamiento de glándulas de secreciones internas, pero que por vía digestiva no hacen efecto.
Fernando Ruiz dice que no sería extraño que le hubiesen administrado algún preparado de cantáridas, teniendo entonces en mucha estima para el tratamiento de la impotencia (mosca española).
Esta propiedad del fármaco fue muy explotada hasta épocas recientes, hasta que se demostró que era muy perniciosa para el riñón. Esto encaja muy bien en la muerte de Don Fernando en el 1516, muriendo en Madrigalejo de hidropesía, camino de Guadalupe, quién sabe si buscando remedio para su maltrecha salud.
Antes de morir fue cuidado por su esposa y hubo que viscerarle, rellenándole de arena su cuerpo, hasta poder hacer su embalsamamiento en condiciones, ya que habría que trasladarle hasta la ciudad de Granada, para recibir sepultura junto a su primera esposa Isabel. La casa donde le visceraron se conserva intacta en la actualidad, pero restaurada.
Este camino mismo, porque no había otro, llevó al rey Sebastián de Portugal, sobrino carnal de Felipe II, de quien heredó el trono, por lo que tuvo que venir muchas veces a Badajoz, porque la única frontera practicable era la de Caya.
Todos los personajes que venían por aquí, utilizaban la Calzada Romana, que venía por Zalamea, donde hay dos columnas romanas preciosas, pasaban por el Sur de Don Benito, que era una pequeña aldea de Medellín y en Medellín que ahora está en ruinas, fue un castillo-palacio bien alhajado, con buenas instalaciones y por eso se alojó el rey Sebastián con toda su corte. Y Felipe II, cuando a la muerte de este rey heredó el trono de Portugal, advirtiendo que Felipe II fue rey de Portugal, así como Felipe II y Felipe IV, pero independientemente del reino de España, y siempre que pasaban hacia Badajoz se hospedaban en el Castillo de Medellín.
El puente actual, que es de la época de Felipe IV, es el que más ha resistido las embestidas del río Guadiana, pero ya en tiempo de los romanos hubo un puente que se lo llevó el río, viéndose todavía las cepas, de donde arrancaban los arcos.
También hicieron puentes los visigodos, que también fueron arrastrado por las aguas. Este no se lo lleva, porque aparte de que la solidez es mayor, el cauce del río está regulado por los pantanos de aguas arriba. Lo malo es que tiene 6 metros de calzada y en cuanto se juntan dos camiones, no se puede pasar. Pero en la época que se hizo era un señor puente y su costo fue de 60.000 pesetas (lo que valía un Seat 600).

